miércoles, noviembre 11, 2009

Renazco de tus manos

Renazco de tus manos
cada vez que, con caricias,
dibujas mi figura.
Asciendo en concavidades aéreas
con cada aliento tuyo,
convirtiendo en agua la materia,
surcando tus piernas,
tu vientre,
tus caderas,
con brazadas tímidas y serenas,
retomando de cada rincón de tu anatomía
la vida que me faltaba.

A oscuras,
el brillo de tus ojos es todo mi universo,
y tu boca
un mar de promesas de tus labios a los mios.

Te abres camino en mí
en un abrazo seguro y firme,
calculando a golpe de mirada
qué parte de mi cuerpo te queda por conquistar.

Me conoces, me sabes de memoria,
me destruyes y me recreas en cada entrega,
en cada rendición,
confundiendo mis piernas con tus brazos,
tu pecho con mi espalda,
mis manos con las tuyas,
en una unión perfecta sellada por el silencio.

lunes, noviembre 09, 2009

Sin permiso

Escondo la crueldad que me habita en las entrañas. Imágenes del recuerdo en plena autodestrucción vuelven, a ratos, desde la cara oculta de mis palabras.

Una empatía inútil y mercenaria contamina mis cimientos con aires de revancha. Repaso cada letra con mis pupilas, trazo a trazo, grabando el negro sobre el blanco, impregnándome cada vez más de todas esas sombras que me acosan. Aspiro cada leve mota de polvo que cubre los viejos muebles de la vieja casa, una y otra vez. El colmo: ver en los márgenes de tus letras que ya no me conoces, que ya no me recuerdas, que ya no te importa golpearme donde antes me mecía, leyendo el mapa de mi espalda.

Ahora no mido las distancias ni escondo mis intenciones. Ya no. Ahora olvidé las precauciones, los remilgos, los respetos y las normas. Ahora no cumplo la palabra dada, porque, como sabes, ya no somos los que éramos. Y en ese ser sin ser, donde antes hubo luz, ahora se ciernen las sombras. Porque ya olvidaste quién soy, y yo ya no sé quién eres.

lunes, noviembre 02, 2009

Letras


Las letras ya no brotan de mis dedos. No consigo ver el reflejo de mis sueños y mis pesadillas en los espejos, y las sombras de un pasado incierto y volátil sobrevuelan mi cuerpo.

Deshago los nudos poco a poco, sin prisas, dejando que cada cosa encaje su perfil en los huecos que los ausentes van dejando. Naturaleza muerta donde una vez brotó la vida.

Con la cara limpia y la mirada clavada en algún lugar más allá del aquí y ahora, enfrento los cambios sabiendo de dónde vengo. Las heridas, al descubierto, cicatrizan con el aire puro, y dejan como huella una extraña paz que me aparta de los pasos ajenos.

Pasan los minutos como años, y la gente como hormigas en un jardín de asfalto. No hay dolor, ni tragedia, ni culpa. Sólo espacios en blanco donde no están las letras que ya no brotan de mis dedos.

miércoles, agosto 26, 2009

Simplezas

Casi siempre me pasa cuando ando enfrascada en la rutina más mecánica y menos trascendente que existe. Y es que mi mente se marcha de viaje cuando menos me lo espero, dejándome a mí parada en medio de la colada, o fregando el suelo, o planchando (sobre todo planchando, vete tú a saber por qué). Mientras mi cuerpo realiza esas actividades que nada tienen de especial, mi imaginación emprende la huída hacia espacios que nada tienen que ver con ese momento. Sueño encuentros, conversaciones, lugares, risas. Vivo varias vidas en el tiempo que tarda en hervirse la pasta. ¿No es extraño? Cuanto menos importante es aquello en lo que mi cuerpo está ocupado, más maravilloso es el viaje de mi mente. Como si viviera varias vidas, como si algo en mí supiera que éste no es mi lugar, el pensamiento me arrastra para que pueda ver qué hay más allá, hasta dónde puedo llegar.

Hoy me pasó planchando, como decía que me pasa más a menudo. Estaba alisándole las arrugas a una camisa de algodón, cuando, de repente, me vi en aquel bar. Era capaz de oír el murmullo de la gente, sus conversaciones. Sentía en mis labios el sabor de la cerveza y, para qué negarlo, ese punto de embriaguez que a todo aplica su pizca de diversión. Los olores vinieron a mí de repente, el humo del tabaco. Y tú estabas ahí, medio melancólico medio a la espera, sin saber bien qué iba a pasar. Y ese “te acercaste a mí con el sigilo de la pantera” salió de mí, de mi boca, de mis ojos, de mi piel.

De golpe, un mar de sensaciones me explotaron dentro. El ruido fue tal que me devolvió de repente a la habitación en que estaba planchando esa camisa de algodón. La volví a arrugar y bajé a la calle, a despejarme.

No puedo evitarlo. Aún te recuerdo.

martes, agosto 18, 2009

Ya no más



Después de tanto tiempo, mis pies cansados, habiéndose acostumbrado a que hubiese otras huellas junto a las suyas, han de emprender de nuevo el camino en solitario. No hay destino fijado, ni siquiera existe alguna indicación que los oriente, y se dejan llevar por una brisa de incertidumbre que ofrece mil y una posibilidades abiertas en el horizonte.

El miedo es ahora mi único compañero de viaje. Mi alma necesita saber que, algún día, en algún lugar, encontraré el hueco donde dejar reposar mi cuerpo, donde, como la pieza de un rompecabezas que al fin encaja, todo vuelva a tener sentido, como fue antes. Me llevo la certeza de que un día fui feliz, de que tuve el mundo en mis manos. Llevo también mi cuerpo cubierto de cicatrices y de heridas aún por cerrar. Sombras oscuras que habitan mis pasillos y que me recuerdan, cada día y cada noche, que el dolor existe, y que su crueldad no estima en fuerzas para ponerte a prueba.

No hay rencor. Hay un pasado y un futuro que hacen del presente un abismo extrañamente cubierto de recuerdos y esperanzas difusas. Hay una compleja nostalgia y una acuciante necesidad por encontrar las respuestas a preguntas que aún no conozco.

Mi cuerpo, frío e incapaz de sentir, se repliega en una extraña forma, cada vez más pequeña, con la desesperación de una presa rodeada de fieras.

No hay reproches. Hay buenos momentos clavándose en mi pecho, recordándome que ya no más… Cotidianeidades que machacan mi conciencia y que impiden que pueda continuar como lo hacía antes. Aire viciado en una casa que aún no pude abandonar, ahora convertida en cárcel.

jueves, agosto 06, 2009

En la noche


En la noche,

la incertidumbre se me escapa por los ojos.

Mi mirada,

triste y sombría,

se vuelve máscara de risas inquebrantable

en el día,

fingiendo, escapando,

anhelando ser y sentir

lo que no soy ni siento.


Cuántas horas al día

recuerdo e imagino

lo que nunca fue ni será…


Conspiro contra mí misma

en un juego peligroso

en el que,

inevitablemente,

seré yo la única perdedora.


Me culpo y me castigo

por esperar,

por añorar,

sin conocer el remedio

que me traiga,

al fin,

el olvido.




domingo, julio 19, 2009

Nocturno

No me busquen,
no me sigan,
no pretendan saber.
No teoricen,
no calumnien,
no quieran entender.



Tras la batalla,
todo guerrero ha de curar sus heridas.

Toda sangre derramada duele,
y todo dolor necesita su abrazo.
Toda derrota mata,
y toda muerte ha de ser llorada.
Todo llanto necesita ser compartido,
y toda herida ha de ser curada.

El guerrero,
en la fiereza de su alma,
alberga la esperanza de volver
para encontrar unos brazos que lo envuelvan,
que lo sostengan,
para,
luego,
tener las fuerzas necesarias
que le permitan
volver a la guerra.





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